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Un cassette volcánico con la bata de Andrés Benavides

/ 15 noviembre, 2018

"Quilotoa" es la ópera prima de Forgotten Arm, un dúo no convencional de bajo y batería entre Nick Jost (Baroness) y el ecuatoriano Andrés Benavides.

Foto Portada: Andrés y Nick en las sesiones de grabación | Foto: Cortesía de Andrés Benavides

La química y la complicidad se siente entre la batería de Andrés Benavides y el bajo de Nick Jost, quienes conforman Forgotten Arm​, proyecto musical que acaban de lanzar el EP ‘Quilotoa’, primer trabajo del dúo, que será lanzado en formato cassette.

Esta producción se compone de dos tracks, ‘Post-Reggaeton’ (Lado A) y ‘Quilotoa’ (Lado B), con una duración de 20 minutos cada uno.

Hay una marcada diferencia entre cada tema, como momentos que surgieron de varias sesiones pero que se completaron en una sola línea sonora. Es así que ‘Post-Reggaeton’ mantiene en un inicio características futuristas, salidas de un bajo y una batería matizada con efectos.

‘Quilotoa’ se presenta más minimalista, más experimental y más electrónica. Quiere claramente diferenciar dos momentos distintos y ser cara opuesta de una misma moneda musical, probablemente inspirada por la majestuosidad volcánica de un paisaje casi etéreo, como lo es la laguna de que lleva el mismo nombre de este EP, lugar que sirvió de inspiración para ambos músicos.

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Andrés y Nick en las sesiones de grabación | Foto: Cortesía de Andrés Benavides

Choque de instrumentos

Annie del Hierro fue el puente entre Andrés y Nick. Ella, amiga de Benavides desde hace años y actual esposa de Jost, los presentó.

“Cuando (Annie) regresó a Quito, después de estudiar en New York (EE.UU.), me contactó. Me dijo que Nick venía a visitarla y quería que nos conozcamos y hagamos música”, cuenta Andrés sobre cómo se dieron en un principio las cosas.

“No teníamos planeado crear un proyecto, menos aún lanzar discos. Tampoco sabíamos mayor cosa el uno del otro, excepto que yo conocía a Baroness, una de las muchas facetas de Nick como instrumentista. Es loco pensar en la idea de improvisar música con alguien a quien nunca has visto en tu vida. Es un poco lanzarse al vacío”, explica el baterista, quien previamente ha sido parte de bandas ecuatorianas como Can Can o Colapso.

Esta producción es un ‘vuelo’ sonoro y el resultado de grabar varias improvisaciones, a dúo, durante una semana, para ser luego mezcladas en este cassette.

No hubo una clara idea previa, ni sesudas planeaciones, todo salió del choque de talentos entre ambos músicos y sus ganas de componer juntos.

“La única idea preconcebida fue que Nick propuso pasar mi batería por efectos que él manipularía. Hizo lo mismo con su bajo y pasamos todo por una grabadora Tascam para cassette, máquina popular en los años 90 -detalla Andrés- El sonido que logramos nos fue dictando hacia dónde ir. Recuerdo que lo primero que salió fue un tema de funk de 20 segundos y, al final, solo estallamos en risas. Había una conexión especial y nos dimos cuenta de eso desde el comienzo”.

Posteriormente a su primer encuentro, Andrés y Nick improvisaron durante tres días y grabaron todo en la Tascam. “Nick ponía el lienzo con los efectos que lograba y las imágenes se pintaban casi solas, sin esfuerzos”, cuenta ‘Bena’.

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Andrés y Nick en la laguna del Quilotoa

Una banda de ‘Post-Reggaeton’

El humor de Benavides se evidencia en el nombre del Lado A de esta producción, ‘Post-Reggaeton’, tema que no tiene nada que ver con el ritmo mundialmente de moda y que más bien es producto de una broma entre sus amigos, así lo comentó entre risas el músico:

“‘Post-Reggaeton’ es un término que me inventé, solo porque pensé en que nadie lo había usado aún. Es un chiste recurrente con algunos de mis panas. Siempre digo que voy a hacer una banda de post-reggaeton y ahora tenemos un disco con ese nombre. No hay que tomárselo muy en serio”.

El nombre ‘Quilotoa’ (Lado B) salió luego de un viaje que Benavides, Nick y Annie realizaron a esa laguna con el mismo nombre, que ellos consideran “mágica”. La canción la compuso el Nick y la grabó en Bird Cloud Studios, en Edwardsville, Illinois (EE.UU.).

El formato en cassette, sobre el que se grabó y se distribuirá el EP (en un tiraje de tan solo 100 ejemplares), no fue para nada fortuito y responde a un plan de Andrés:

“Yo crecí muy cerca de los cassettes. Cuando era muy niño, grababa mis propios ‘álbumes’ en una máquina que tenía mi papá, haciendo ruidos con la boca y golpeando un escritorio. Luego, en mi adolescencia, esa fue mi principal forma de conseguir música. En los años 90 muchos creamos colecciones de discos, compartiendo y grabando de los amigos. Luego usábamos las 4-track para grabar demos con nuestras primeras bandas. Me hizo total sentido sacar este disco en ese formato”.