Reseñas

Siku Nicola Cruz

/ 29 enero, 2019

"Sus composiciones se apoyan en el peso de las culturas milenarias, en los sonidos que son parte de la estructura genética de la humanidad".

Escuchar. Estar atento a lo que sucede en el entorno. Después, experimentar, recrear los sonidos de una cultura, transmitir la sensación de un acontecimiento. El segundo álbum del músico, productor y DJ franco-ecuatoriano alberga la inquietud de un explorador que luego de una larga expedición, trae en su equipaje diversos sonidos que nacen más allá de los Andes.

En 2015, cuando publicó su aclamado disco debut Prender el alma, Nicola Cruz sorprendió al mundo con una propuesta que se alimentaba de la música tradicional andina y la electrónica. Un disco sensorial que, con una propuesta definida como andes-step, elevaba al oyente a un espacio de sanación. Con ese trabajo, Nicola recorrió diferentes países y en el ejercicio no sólo amplió los horizontes de la música ecuatoriana sino también las posibilidades de reinterpretar los paisajes sonoros de un país.

Ahora, su música habita en un espacio más extenso que atraviesa fronteras, océanos, cordilleras. En Siku, Nicola Cruz abre su visión creativa y demuestra ser un arquitecto que utiliza la tecnología para construir un universo tan propio como global, donde conviven los vientos de un siku, las cuerdas de un sitar y los ritmos de Asia, África y Latinoamérica.

“Arka”, el primer tema del álbum, es un puente entre su anterior trabajo y el presente. El vibrar de los instrumentos precolombinos de viento, como la antara de plumas de cóndor o la mamaquena a cargo de Esteban Valdivia, son la apertura de un ritual de sonidos principalmente orgánicos.

Foto: Saúl Endara/Maria Emilia Jaramillo

A lo largo del álbum los samples y beats tienen un menor protagonismo. En su lugar prevalecen las interpretaciones de más de veinte músicos que intervienen en las once canciones de esta producción editada bajo el sello de ZZK Records. Entre ellas, se destacan las colaboraciones del cantante carioca Castello Branco en la experimental y dulce samba “Criançada”; de Chato, en la acompasada cumbia “Hacia Delante”; y del dúo sueco-colombiano Minük en la espectral “Voz de las Montañas”.

Aunque es posible que los cambios generen confusión, Nicola no redunda ni cae en fórmulas. La atracción y el misticismo de su música se mantiene. Es el caso de la evocativa “Señor de las Piedras” o del sencillo “Siete”, donde dos instrumentos hindúes -el sitar y el bansuri- son la guía de una canción que aumenta en intensidad conforme avanza. Sus composiciones se apoyan en el peso de las culturas milenarias, en los sonidos que son parte de la estructura genética de la humanidad.

En Siku, la fortaleza de Nicola Cruz está, una vez más, en la inquietud y honestidad con la que aborda su obra. Él es el explorador, el arquitecto, el productor que entiende -como diría Luis Alberto Spinetta- que toda la vida tiene música. Nicola sale a las montañas, transita las ciudades y los continentes con un oído atento en busca de ella.

A continuación, Siku y sus 11 canciones: