Especial

Sexores hizo un disco tan raro que repetirlo se vuelve costumbre

27 abril, 2020

De Quito a Barcelona y desde ahí a toda Europa, pegaron en Rusia y volvieron a Latinoamérica. Sexores estrenó un disco acostumbrado al under, al experimento y la denuncia feminista. Hablamos con Emilia, su vocalista, quien explica porque este “no es un disco fácil”.

-Es raro- le digo a Emilia cuando le explico sin tapujos cómo me suena el disco, “es lo que queríamos”, me responde entre risas, en una llamada desde Ecuador a México, donde vive la banda, en la delegación de Coyoacán.

Además de raro, también le cito las palabras de Eduardo Varas, periodista musical del país, cuando dice que Salamanca (2020) “es un conjuro”. La motivación por etiquetar el último trabajo de la banda Sexores surge de una necesidad por entender lo difícil de entender, o mejor dicho: lo que todavía no entendemos.

Emilia Bahamonde
Emilia Bahamonde de Sexores. Foto: Majo Rodríguez.

Ese “todavía” se justifica en las razones por las que existe Salamanca, que hace de su rareza y su supuesto sinsentido, una motivación para llegar a sus intenciones. Se divide entre canciones instrumentales y con letra, al puro estilo del Say No More de Charly, aunque con él no tiene mucho que ver esta coincidencia de estructuras. Bahamonde, con quien charlo en esta llamada me dice que “musicalmente no es una misma cosa (Salamanca), queríamos hacer un viaje, contar una historia, no sólo musicalmente”. Es un disco experimental, deslindado de las antiguas producciones de la banda. Según la cantante, “no es un disco fácil”.

-¿Por qué no es un disco fácil?- pregunto con cierto reto, “la gente busca uniformidad en el sonido. Si encuentran post punk quieren que todo sea así. La gente que se sale de estos grupos busca discos que se cierren en un mismo género”, mientras responde me explica que realiza una tesis sobre el tema, continúa: “a partir de mi tesis muchos músicos dicen que la música experimental está para derribar las fronteras y las jerarquías de la música. Teníamos ese pensamiento y por eso hay personas que no están acostumbradas a eso (a varios géneros en uno). Es un riesgo que el artista toma, a pesar de esos los fans que tenemos han sido muy receptivos”.

Salamanca es un viaje bien pensado, con los instrumentales e interludios adecuados para llegar a ciertas conclusiones de incomodidad que su reproducción provoca. Sensaciones que sacuden el molde y se etiquetan definitivamente –y con merecimiento- con que escuchamos un disco sobresaliente.

David Yépez
David Yépez de Sexores. Foto: Majo Rodríguez.

Más allá de la rareza superficial este disco, según Emilia, rinde honor a las mujeres asesinadas en cualquier lugar del mundo, fuente de inspiración que la cantante ha ido desarrollando desde su involucración en grupos feministas en su llegada a México. “Acá me empecé a involucrar con colectivas feministas, acá es muy fuerte, donde se reúnen o hacen conciertos. Me impactó un montón, porque se pasa de la denuncia hablada a la práctica”, comenta. Añade a esto que en la agrupación reconocen que este “no es un disco comercial” por lo cual se puede asumir que la libertad compositiva y conceptual de esta producción fue más libre y absoluta, hecho verificado en que fue producido con software libre. A pesar de tal riesgo no han recibido hasta el momento críticas que evalúen mal al disco.

El concepto místico del álbum se relaja en una explicación ambiciosa y trabajada en conceptos de las etapas de la magia roja y varios estudios de epistemología, que Emilia cuenta haberlos heredado por curiosidad familiar. Esta red de explicaciones se vuelve todo un estudio mientras me explica de que trata, concluyendo que en el Bandcamp de la banda hay ciertos significados de todo ello y que acorde al tiempo que se avecina, posiblemente suban contenido que busque explicar de qué habla esta intención mística entre las profundidades del disco.

Sexores
Captura por Óscar Morales de un concierto de Sexores en Ciudad de México.

Dejando de lado a Salamanca, este dúo (en escenario no sólo son ellos, pero varían de banda cada cuanto) vive hace dos años en México, país que recibe muy bien a su música, explicando su encanto en la unión del sector musical en la escena, pueden resumirlo en que “todo es una locura”, que ahora está en paro por el COVID-19.

Bahamonde recomienda tratar a los proyectos musicales de una forma más seria, “no hay que romantizar la precariedad”, dice, “tienes tú que estudiar las posibilidades y no sólo meterte. No tener la idea que alguien va a venir”. Su manejo con los medios les ha valido de gran ayuda por la experiencia dentro de ellos y su manejo. Además, que considera importante organizar los tiempos en que un espacio puede usar tu música como algo que venda, su estrategia ha sido enviar con anticipación los discos a medios para su reseña, dejando de lado la idea que la música se mueve sola sino que hay que moverla, aunque a veces sea intenso.

Se han presentado en San Petersburgo (Rusia) con foros llenos y en algunas partes de Europa y Latinoamérica. Es una banda con una nacionalidad dispersa que prefiere no jactarse de ser propiedad de una nación como primera impresión “tenemos músicos en distintas partes del mundo, sin nación, somos Sexores”, concluye. Emi cuelga tras una hora de llamada que iba a resultar en veinte minutos, sin embargo, las explicaciones remueven el moho del prejuicio que puede haber sobre el experimento de este último disco junto a David Yépez, hacia una curiosidad intensa por ir a Spotify, ponerse los audífonos y no saber si tienes miedo o estás excitado.

Sexores son: David Yépez y Emilia Bahamonde.

Escucha acá abajo a Sexores: