Entrevistas

Mateo Kingman: “Yo hacía canciones, no hacía trips electrónicos”

/ 14 enero, 2020

Kingman nos recibió en su casa en torno a la presentación de ‘Astro‘, en Quito. Nos habla de un posible disco en conjunto con Mauro Samaniego y otro más con género urbano a alto volumen bailable.

Tiene un gato negro que camina de vez en cuando por la sala de su hogar, ubicado en un pasaje recóndito de Guápulo, en Quito. Come uvas mientras camina por la casa, que se asemeja a un laberinto, entre gradas oscuras y con plantas crecidas desde el cemento. Camina sencillo y con la camisa desabotonada rumbo a su miniestudio, que no supera los ocho metros cuadrados. Ahí toma una guitarra y la usa de soporte para este sábado de entrevistas.

Mateo Kingman
Mateo en el callejón de entrada a su casa en Guápulo. Fotos: Adrián Gusqui.

“Muchas entrevistas dicen que nací en Macas, pero no, nací en Quito, en Yaruqui, por esa montaña”, dice, mientras señala el ventanal de su estudio, que da a los valles de Quito.

Adrián: ¿Cómo inició todo?

Mateo: Yo no estaba en la escuela ni en el colegio. Yo estaba en la casa. Mis papás decidieron no ponerme en un sistema educativo tradicional y hacíamos un montón de cosas en la casa con mi hermano. Espacios para desarrollar nuestras necesidades reales. De alguna manera siempre nos metíamos en explorar en temas del mundo.

El quiteño, que ahora tiene 28 años, recuerda a Nicolás (su hermano) llegar con una batería a la casa cuando él tenía 11 años. Fue el primer instrumento en el cual, según Kingman, “se embaló”.

Mateo Kingman
Mateo Kingman de niño. Foto tomada de su fanpage en Facebook.

De esa experiencia y los años, cuando ya tuvo 18, surgió con una banda en Macas que compartió con sus hermanos y su cuñada. Tras esto y visitas a la capital para mostrar la música de este proyecto, Mateo apostó por su propia música

“Venir del Macas a la Capital era una demencia”, recuerda Kingman, aunque reconoce que con su proyecto personal “se dio contra el piso (…) no sabía qué hacer. El primer disco fue una exploración bien jodida. No sabía bien a dónde ir”.  En ese desconsuelo por no encontrarse y su permanente actividad de ir a tocar puertas de músicos y productores encontró a Ivis Flies, quien sería el productor de su primer disco Respira (2016), el cual figuró entre los 10 mejores de Latinoamérica de ese año según Radiónica (Colombia).

En 2019 el Respira ya es pasado. Astro es el nuevo absoluto de Mateo Kingman, un disco más extraño pero con ese dibujo constante del baile en todas sus constelaciones, sin abandonar rincones melancólicos, que apuestan por entender la muerte y la separación entre nuestro interior y la materia. 

Para Kingman, Astro es una “cura para los sanos”, una idea que él mismo repasa: “creo que los que estamos sanos en realidad estamos enfermos. Tenemos otro tipo de enfermedades, las no conocidas, que nos van matando. Son miles de millones de enfermedades que cargamos genéticamente y vienen en el peso de la humanidad. Que lo cargamos todos. Para mi es eso. La planta es una cura para los sanos. Y eso es Astro”.

Fue un disco procesado entre visitas e inmersiones en el mundo de plantas medicinales durante 15 días, al cual el músico quiteño considera importante no confundir con el uso de drogas, “las plantas no son drogas. Ni siquiera es un espacio donde puedes tener experiencias. Las plantas son medicinales. Sin remedios. Uno está ahí por una razón personal más que artística. Estoy ahí por una razón personal, terapéutica y física. La música y las letras vienen por default. Es importante diferenciar que no es que uno va a tripear. No es un trip. Es un trabajo duro. Las drogas son un trip y está bien. Y está todo bien. Yo no tengo ningún prejuicio con las drogas. Pero este mundo de las plantas no es un trip, no es algo lindo. Más bien es bien duro, bien difícil, es un medio de apertura de conciencia importante que podría ayudar al mundo en realidad”. Por eso el músico prefiere no contar hechos específicos del proceso “me parece que es un mundo que debemos cuidarlo porque se está yendo a la mierda. El mundo del curanderismo se está haciendo cada vez más folclor, más pose, más turístico”, concluye en torno al régimen.

Mateo Kingman
'Maki' -como también lo llaman- prefiere guardar especial reserva en torno a este proceso, por cuestiones personales. Fotos: Adrián Gusqui.

En la medida de lo posible, trato que describa lo que sentía en este proceso, al cual Kingman llama “dieta”, primero la reconoce como algo “doloroso, la pasas muy mal (…) estás en soledad total y tomas plantas. Llegan mensajes como flechas que entran por tu cabeza como unos regalos, como unas verdades. Escribes eso. Yo escribía el mensaje primero y a partir de ese mensaje escribía todo el texto. Era como estar entre dormido y despierto por 15 días”. Acto seguido recuerda unas anotaciones que lleva en una especie de bitácora en su computador. Es algo así como un poema libre, que, según Mateo, describe lo que siente en estos procesos y es posible que se conviertan en letras de futuras canciones: 

“Todo resuena en frecuencias indecibles, me angustia lo que creo conocido pero me paraliza la impotencia de lo inevitablemente desconocido. Extremidades entrelazadas y el ánimo en reverencia y al mismo tiempo infatigablemente erguido, tengo una espada atravesándome la espina dorsal, mis garras en la tierra y mi corona hacia la inmensidad del cielo. Ondas expansivas estallan desde el centro hacia afuera como mareas que suben pero no vuelven a bajar. Atravieso una puerta y caigo vertiginosamente por un universo alterno. Puedo concebir el entramado de la vida. Alivia y duele. Es bálsamo y es cruz. Vómito de gárgolas, lamento de la memoria humana. Catarsis de lo andado. Certezas del siendo, augurios del misterio que vendrá. Muero las veces infinitas y vivo sin saberlo. Si me resisto me quemo si me dejo me quemo pero eso no lo decido yo, me quito de los hombros el peso de la existencia por fin un instante de luz oscuridad, todo o nada, sonido, silencio, vacío, vastedad”

Entre las notas de la bitácora aparece el nombre de Mauro Samaniego como título en una de ellas. Kingman me explica que es un top que la BBC le pidió. A partir de la mención al vocalista de Da Pawn, Mateo imprime dos ideas en la entrevista que “espera lograr”. En el morbo por discos próximos, él relata que tiene dos en mente, en una suerte de EP’s con 5 canciones cada uno.

Mauro Samaniego
La dupla Samaniego-Kingman se haría real pronto, en palabras de Mateo. Fotos: Adrián Gusqui.

El primero con Mauro Samaniego y con un estilo fiel a las canciones en solitario de Mauro que, para Kingman, se acerca mucho a lo que él quiere. “Quiero hacer el primero con Mauro, con la onda de ‘Lucero’. Son canciones como baladas y el otro EP va a ser ultramegaurbano. Canciones con gente de un mundo completamente nuevo para mi. Voy a trabajar con él para encontrar una nueva manera de hacer música porque siempre he querido hacer estas canciones y solo no me he lanzado a hacer porque es un mundo muy distinto”. 

En el otro EP, pensando desde la cabeza del músico, quiere que “sea bien urbano. Que sea bien ‘dementementeUrbano’. Extremadamente lo contrario. Romper con todo, que chuchas”. 

Esta diversidad de géneros y propuestas puede explicarse como argumento para que Mateo Kingman haya dejado el nicho para juntarse, de a poco, con el mainstream mundial. “No teníamos una intención de salirnos de un espacio para ir a otro. Todo el proceso respondía a una necesidad musical más que a una de mercado. Escuchaba cosas súper lejanas a lo que ya había hecho. Me daba ganas de romper absolutamente con todo lo que había hecho. Hacemos este disco que es mucho más universal, menos local. Más exploratorio, más raro y súper conceptual. Nos abre un montón de nuevas puertas pero nos cierra otras”. 

Mateo Kingman
Astro ha sido reconocido a nivel mundial, por medios como Shock (Colombia) y VICE. Fotos: Adrián Gusqui.

¿Cómo logra un músico de la “escena” en 2016, darse de igual a igual con todo el mundo en 2019? 

Mateo: A mi me parece una cagada eso de pertenecer a un nicho. No me gustaba ser parte del grupo de creadores que hacen música electrónica con música tradicional. Me parece que, primero, no es verdad. Yo hacía canciones, no hacía trips electrónicos. Tal vez mis shows sí son trips electrónicos. Pero las canciones son canciones como hacer una balada. Me parecía que no estaba bien puesto el nicho. No correspondía el nicho al que me hacían pertenecer. Con este disco si rompo un poco. Cómo decir: no tengo un nicho. Esta es una exploración fuera de una definición. 

Cerrando la visita a su casa, que se extiende por más de una hora, Mateo habla sobre la presencia de Gustavo Santaolalla en su vida musical. Con quien, a medida que el disco emanaba demos y el master final, mantenía una correspondencia activa con Kingman, donde, al son de un feedback de cuidado poético, ambos músicos se unían más con Astro, donde finalmente Gustavo participó como único feat, en ‘Último Aliento’. “El Gustavo para mi fue clave en este disco. Porque le gustó Respira y después mantuvimos una correspondencia. Una ida y vuelta de compartir música. De compartir ideas. Y cuando yo le mandé estos demos se conectó mucho con ‘Último Aliento’  y terminamos haciéndola juntos. No era la idea, solo se dio. Esos mails son incendiables. Son palabras mágicas. Hablándome del disco y luego cuando le envié el disco masterizado me envió un texto hermoso (la imagen siguiente)” 

Gustavo Santaolalla
Cruce de mails entre Gustavo Santaolalla y Mateo Kingman sobre 'Astro'.

Mateo Kingman estará presentando Astro por primera vez en Ecuador en el Teatro Nacional Sucre este 18 de enero, 3 meses después de la fecha original, tras haber sido postergada a causa del paro nacional en octubre.

Mateo Kingman

Abrirán Miel y Mauro Samaniego, puedes conseguir tus boletos aquí.