Reseñas

Mancero Piano Solo Mancero

/ 21 agosto, 2018

Un pianista empuja las fronteras de su música.

Daniel Mancero es un compositor y pianista que no ha dejado de innovar desde que entró de lleno en la música, a eso de los catorce años. Expuso su facilidad para hacer jazz en Rarefacción, uno de los mejores tríos que ha parido este país, para luego, migrar hacia otros formatos que dieron como resultado el disco Yangana (2011), en formato de trío. El paso del tiempo y las obligaciones de sus integrantes convirtieron a este trío en dúo, para finalmente terminar en solo. Piano solo. Cada mutación en el formato de su banda, sumada a su partida a París en 2011, hizo que su forma de componer e interpretar vaya cambiando.

Sigo a Mancero desde sus épocas en Rarefacción. Su sonido es inconfundible, una vez que lo escuchas seguido, lo reconoces inmediatamente. Piano Solo es un disco distinto a sus predecesores. Hay que escucharlo sin pretender encontrar en él un estilo específico, como al llegar a una ciudad desconocida sin mapa: inicias orientándote, haces preguntas, buscas puntos de referencia, para luego caminar sus calles hasta perderte. Mientras más caminas, mejor será tu percepción de la ciudad.

Los ocho temas que componen el disco te plantean un juego, con enganches, intrigas, aceleradas y frenazos. La cosa arranca con «Matraca», que te trae a la cabeza la imagen de una máquina frenética que por momentos baja el ritmo como si quisiera respirar y escapar a su destino. Es una extraña canción para empezar el disco, pero es apenas una faceta del álbum.

Le sigue «Ajenjo», un tema que parece retratar un primer encuentro, con sus altos, bajos, sorpresas, decepciones, sus preguntas y suposiciones, para terminar con un adiós que no se sabe si es temporal o definitivo. El tercer tema, «Frasco para escapar» nos recuerda en sus primeros momentos a una pieza del vanguardista compositor Erik Satié. Mancero lo transforma en un tema que evoca un encierro, una obligación de cosas por hacer,  una espiral infinita. Es el tema más largo del disco, y requiere varias escuchas para desgranar su complejidad. El disco continúa con «Sudamérica», difícil no asociar a la nostalgia o acaso a la distancia con la que Mancero probablemente lidia de cuando en vez desde que se mudó a Europa. Da la impresión de que esta canción busca retratar a su gente antes que a sus lugares.

220v musica
Daniel Mancero vive en París || Foto: José Luis Chávez

Mis cuatro temas favoritos se juntan al final del disco. «Retrato de Salomé» me lanza la idea de energía perpetua y contemplación, también sostenida en «Níspero». Este último tema es para mí la banda sonora que debes escuchar mientras contemplas uno de estos árboles frutales y mientras esperas la calma.

La canción «Chatarrero» puede bien describir una escena cotidiana de un barrio tradicional de Quito, de esos que ahora escasean, en donde los vecinos se conocen y el chatarrero lo recorre. Ese personaje cuya vida se pasa en coleccionar y negociar fierros viejos en una carreta desvencijada.

El disco termina con «Noche Rondeña»: Alguien en una morada piensa en ti, te dice “te espero, hago tiempo mientras llegas, preparo tu llegada, alisto el lugar, la expectativa de tu llegada cierta crece, falta poco”. Anochece y a medida que te acercas piensas “avanzo, pienso en tu presencia, falta poco”. Abres la puerta y te encuentro allí. “Déjame contarte. Ahora el día puede terminar”.

Una vez en una entrevista, Mancero me dijo una cosa que me quedó grabada: Uno mal puede juzgar la música que otros escuchan o la que no nos gusta. Escuchar sólo las cosas que te gustan, al final hace que te repitas, que tus ideas se enmarquen y acartonen. Eso es lo que se siente en este disco: Un pianista que no se ha detenido en su autoimpuesta misión de empujar las fronteras de su música.

Escucha Mancero Piano Solo a continuación: