Perfil

Él es Fabrikante, quien construye una banda con su boca

/ 6 febrero, 2019

Es ecuatoriano pero no cree en las banderas. También es músico y no cree en las bandas. Reemplaza todos los instrumentos con sólo usar su boca y una looper comprada en Amazon.

Cómo ser Fabrikante

Su nombre es Francisco Valdiviezo, aunque esta vez, para nosotros será solo Fabrikante. Un músico treintañero nacido en el barrio más futbolero de Guayaquil, el Del Astillero, en el sur de la ciudad.

Hoy vive en Quito, pero antes residió en la Costa, donde lo invitaban a tocar en festivales afro montubios, sin ser afro, sin ser montubio. Ahí, cerca al mar, sobrevivió a un terremoto, a un divorcio, a los rechazos  para producir sus discos y al hambre, asunto que lo llevó incluso a presentarse con su música en buses y pasillos.

Este año su historia cambió un poco. Fabrikante se ríe cuando dice que “antes en diciembre no sabía que iba a hacer en febrero”. Le causa gracia porque ahora los papeles han cambiado. Ya sabe qué se le viene en los próximos meses y luego de intentos y tropiezos, ha aprendido a vivir de la música, un asunto jodido en el país.

Y vivir haciendo música “rara” (como lo que él hace) es un doble reto. Porque Fabrikante, literalmente, fabrica. Usa su lengua y labios, junto a la saliva y sus letras para inventarse percusiones a partir de un beat box con estilo ancestral. Lo aprendió en el camino y por sí mismo, guiándose por sus investigaciones sobre las raíces musicales de la Costa, rescatándolas desde el olvido hasta nuestros días.

“Quería tener una banda pero siempre es complicado cuando hay más gente. Eso te frena el proceso creativo y su difusión”

Su música es natural, no hace uso de guitarras, synths o percusión. Todo es a pura boca y con su looper, un artefacto que graba los sonidos en ese instante del show y los reproduce cuando Fabrikante lo ordena. La looper a la que con cariño llama Lupita, es “la banda”, si así queremos llamarla -o mentirnos-.

Porque de nuevo, él no tiene agrupación que le acompañe. Por joda y por performance, su looper es “la banda mocha”, la banda corta.

220v musica

A veces hace un poco de “trampa” con los instrumentos. Cuenta que usa silbatos encontrados en lugares alejados de la urbe. Como uno ancestral que encontró en La Pila (Manabí) y le costó $3, precio distinto al de una alcancía de Mickey Mouse de $10 que se ofertaba en el mismo lugar, a la misma hora, según cuenta Fabrikante entre risas sarcásticas y enojadas.

Es, por este silbato y más, que Fabrikante también viene a ser un buscador. Hace de pescador cultural, se ha adentrado en la herencia sonora de sus raíces costeñas, que muchos de sus fans -desconocedores y confundidos- creen que es exclusiva de la región andina del Ecuador.

Fabrikante, un experimentador en sí mismo, busca, con su beat box, derribar las estructuras y aplicar el noise a como dé lugar. “Me gusta cuando el noisero es bueno. Siempre está en este trip de la experimentación de timbres. Ya, en la música tú tienes: armonía, melodía y timbre”, dice.“El noise tiene esto de que te olvidas de toda esta mierda de la estructura y te dedicas sólo a la experimentación de timbres. O sea, a buscar unos nuevos”.

Este encontronazo con la experimentación e instrumentos artesanales que tienen tantos años de vigencia como de olvido, hacen de Fabrikante un indefinido musical. No tiene género y presume de esa ausencia. Eso no quita que lleve en él un estilo que estampa su naturaleza de fabricante, y  eso también significa que a cualquiera le puede gustar o desagradar su música y su performance. La idea, según él, está en mover los cerebros de quien lo escuche y se pregunte ¿qué chuchas estoy escuchando?

El poeta que rechazó la academia

Las letras, la experimentación y sus líricas no vienen del suelo, pues también es periodista de profesión (que en la actualidad no ejerce). Detrás del título no sólo se esconde una etiqueta fugaz. Se graduó con honores de la carrera de Comunicación en la Universidad Católica de Guayaquil, estudió en México y hasta sacó su posgrado en Literatura en la Universidad Autónoma de Morelos. Luego de esos logros, no le fue bien en Ecuador.

Aplicó a la docencia en universidades, pero ninguna se interesaba en su perfil. Seguro de sí, declara que “nunca quiso ser periodista”.

Aún así, en su pasado de literato en piel de comunicador, llegó a dar charlas en Cuba, la UNAM en México y hasta le invitaron a escribir en un libro sobre filosofía. Pero se regresó, dejó México. Esperaba pegar acá.

“Pegó” en un colegio, de profesor, y ya más tarde en 2012 se salió, cuando su carrera musical como Fabrikante le empezó a dar estabilidad. De ese paso en la docencia no se olvida.

“Era bacán, (ser profesor) sí me gustaba, pero el esfuerzo que haces en un colegio es pésimamente remunerado”.

Pero del periodismo imprimió su habilidad para generar contenido, uno que le importara a él y a su comunidad. Con su mente creativa y sus herramientas de reportería diseñó junto a una Sandra González, la revista La Licuadora, donde hablaba de arte y música, o sea, su mundo. También fue parte del colectivo Cállate y grita junto a José Ycaza, donde empapelaba los buses de Guayaquil con stickers hechos a mano. Escribió alguna vez en El Telégrafo, donde nunca le pagaron.

Ahora está de lleno en su vida musical, en la que ha conseguido tres álbumes. Dos en Fabrikante: Memoria y Profecía de Doña Petita Pontón (2013), Kariño Universo (2016) y uno junto a Iguana Brava, Cumbia Madre (2019) -aún no disponible en plataformas-.

Los bautizos

Fabrikante es un personaje escondido del registro civil. Comparte cuerpo humano con las demás identidades de Francisco, que son usadas para la representación de otros estilos musicales y de vida diferentes.

Estos son: Paquito Mendoza (el del pueblo, ese que toca cumbia en Iguana Brava) y Diavlo Berde (el tatuador sin máquina eléctrica de tatuar). Sobre este juego de identidades, él dice: “Para mí uno se puede bautizar cuando quiere. Y el bautizo no anula tu ser anterior”. Como dato adicional, hasta se llamó Ronald Bazurto, en los 2000, cuando vivió de forma ilegal en Estados Unidos.

Admite que “son distintas formas de jugar” y que a pesar de los distintos rostros, el objetivo es “renovarse de vez en cuando sin olvidarse del pasado”.

Sin embargo, ¿quién es cuando no está arriba de una tarima? Responde “soy todos”, el chiste de las personalidades pasa cuando el micro se enciende y Francisco es quien el show le pide ser.

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Y queda comprobado; en el Loa Loa Fest, para Iguana Brava es quien es. Quien la gente pide. Se nota su unión casi metafísica con el acordeón.

Esta intimidad con el instrumento lo va transformando en un showman que habla y transforma al público. Que da las facilidades para concluir que a este man vale la pena comprarle los discos.

Ramifikando su esencia

Finalmente, detallamos con brevedad un compendio explicativo de Fabrikante, creador del chanteoma

Fabrikante habla del destino de los poetas que no encuentran dónde pelear. Porque eso es el chanteoma, un término acuñado por el guayaquileño para definir el equilibrio no armonioso entre el orden y la locura.

Este término viene acompañado de una canción que salva a los poetas, muy locos por la creación y muy inhibidos por el orden. Según Fabrikante, los extremos son malos y más en el arte: “mucho orden o mucho caos, mata”. Esta idea no es una divagación casual, pues fue parte de una conferencia TEDx dada por el artista frente a muchas más personas que a un periodista seguidor de la música local.

Así que el chanteoma existe. Y es donde, por suerte o por correspondencia, Fabrikante habita. Un espacio que si por él fuera ya lo hubiese usado para sacar tantos discos como los sonidos de sus canciones.

Sin embargo, dice que no le ve la gracia a sacar siempre lo mismo. Y podría hacerlo: lanzar muchas canciones con su estilo, y listo. Pero por ahí no va la cosa. Su destino va por la experimentación, así que lo siguiente de Fabrikante será lo nunca antes visto.