La Escena

Don Bolo: Causas y consecuencias de la rebeldía en el jazz

/ 20 enero, 2019

Empezaron como dúo y ahora son un quinteto. Le llaman “honestidad” a su rebeldía, y aunque viajan entre alturas ya llevan dos discos. Es -y son- Don Bolo, dueños de un sabor agresivo y honesto con el jazz.

En febrero de 2019 lanzan su disco El principio del fin y acaban de provocar la pica de lo que se traen con el video de «Paseo San Roque». Pero sus antecedentes penales no empiezan aquí.

Su historia en 4 años

Lo que hacen lo definen como criminal punk jazz. Es una banda que fusiona rock, funk, con eso: punk y jazz criminal. Además, les consume su rebeldía, desarrollada entre viajes de Quito a Guayaquil, escapes policíacos y más fusiones con canciones.

Don Bolo nace en el Quito de 2015. Sus primeros pasos son dados por un dúo entre bajo y batería, dispuesto, como ellos dicen, “a sacar la música de las pasarelas y llevarlas a las calles”. Su objetivo como banda está destinado desde el inicio a la devolución de la actitud a la música, que -en sus palabras-, “había sido privada de fuerza por el vulnerable movimiento indie y sus secuaces de los medios badeas”.

Su génesis pasa entre tocadas en plazas, parques y calles, probando elementos y escapando de la policía. En 2016, Luis Sigüenza (también el saxo de Jazz the Roots) entra a la banda y Don Bolo cambia de aires de montañas a aires de Costa. Se nos va a Guayaquil. Esta mudanza agilita la producción de su primer material discográfico, que vería la luz en 2017 con el EP En Muerto, grabado, como era de esperarse de Don Bolo, en un parque. En el Parque Forestal de Guayaquil.

En 2018 regresan a Quito, dispuestos a “devolverle actitud a las pasarelas y escenarios de la escena”. Y también a lanzar su primer disco de larga duración, El Principio del Fin, un álbum rojizo y skajazzero. Usado “para atormentar curadores de festivales y reporteros de música alternativa indie”.

En la actualidad ya no son un dúo, son un quinteto. José Hernández en la batería, Emilio Montenegro en el bajo eléctrico, Luis Sigüenza en el saxofón -alto, tenor y barítono-, Daniel Gachet en las guitarras y Tania Cortés en los sintetizadores.

Cuando la rebeldía es honestidad

Don Bolo tiene una onda distinta. Hasta polémica. Podríamos también acuñarla de anárquica, sin embargo, tienen mucho que decir sobre esto.

Para ellos la historia es otra: “Si algo sale de la calle no quiere decir que sea ni rebelde ni anárquico, tal vez sí que se forje con honestidad a través de un público más amplio y veraz. Este último sí es el caso con la banda”.

220v musica, don bolo

En Don Bolo cuentan que salen a tocar en espacios públicos y ganarse la gente de ese entorno por varios factores. Entre ellos, sus discrepancias con los curadores de festivales y espectáculos en el país.

La banda se sincera y dice que “la gente se da cuenta que son las mismas bandas ganando todo el beneficio que ofrecen empresas públicas y privadas, y se nota el descontento y hastío por gran parte de la sociedad para la necesidad de alternativas”.

En la boca, queda el sabor de que no creen en los festivales y que su entorno es otro, al cual lo explotan en solitario: los parques, las plazas. “Sí, sí tratamos de decir que todos los festivales en Ecuador son un amarre, donde están los amigues, bodis, novios, etc”.

Don Bolo reafirma que definitivamente son rebeldes. En un inicio esta actitud de estar en contra de los que están a favor era simple entretenimiento, pero conforme pasaba el tiempo se fue convirtiendo en una forma de empezar a indagar acerca de la verdad.

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“Se necesita de esta actitud de rebeldía a través  del cuestionamiento, sobretodo en círculos donde las personas siguen verdades absolutas sin pensamiento crítico”. Existen para hablar sobre la razón, del cual piensan que ese tal vez no es el destino y de la “moda izquierdista” en América Latina.

En sus shows y su música se siente el espíritu circense -líneas a veces burlescas, a veces pesadas-, porque “generan cabeceo y son adecuadas para expresar lo que mucha gente siente sin necesidad de palabras”.

En escenario Don Bolo se equilibra con su improvisación. El formato se diferencia del de estudio. El quinteto aprovecha elementos como la vestimenta y el discurso, que admiten, nunca se parecerán dos veces.

Es una banda que le debe su show al feeling previo. “Todo esto depende en cómo nos sentimos al momento y tal vez haya algo que se quiera expresar por algún suceso específico o solo de pura joda”. Parecen vivir en la confusión. En lo que se venga ese rato. A pesar de eso, reconocen su discurso y su estilo.

Honestos antes que vendidos.

La historia del ‘Don Bolo’ original

Don Bolo era un dealer de Quito. De 50 años -o más- que ya no trabajaba porque estaba viejo. Entonces se dedicó a vender droga.

La banda lo recuerda como una persona puntual y honesta. “No era un criminal pero las leyes de verga de nuestro miserable país lo condenaron y fue a cana”, cuenta la banda vía Instagram.

El grupo dice que mucha gente les pregunta si se llaman Don Bolo por él. Y sí, así es. Para ellos, “es una forma de rendirle tributo a alguien que intentaba vivir y el sistema no lo dejó”.

Gritar sin letras

Don Bolo pocas veces hace uso de voces. Es una banda instrumental. Más que un instrumento en sí, suelen ser base para conseguir efectos sensoriales, de textura y sonido. Pero no verán ningún verso cantado en sus canciones. Tienen la certeza de que “la ventaja de hacer música sin voces es poder expresar ampliamente lo que sentimos sin necesidad de describirlo en algo textual”.

Acorde a esto, también sienten las desventajas, que lo resumen en que la gente está acostumbrada a escuchar música digerida, que se entienda de forma textual. Están seguros que “hay personas que no se sienten atraídas a escuchar la música por música”. Reconocen que no llegarán a ese público, aún así, les despreocupa, dicen.

Papel de Makinita Silva con Don Bolo

Su último videoclip fue “Paseo San Roque”. Makinita Silva, personaje importante del pasado y presente musical en el país, lo creó en su totalidad. Él tocaba en Agente86 y hace 10 años que es amigo de Luis Sigüenza, integrante de Don Bolo.

La banda acudió a Makinita por su vinculación al punk guayaquileño. En primera instancia, la idea era que él haga el arte para el álbum pero al final esto no sucedió. Pero Makinita se enganchó con “Paseo San Roque” y él desarrolló la idea, hizo la animación, dirección y edición.

Así nació el primer videoclip de la banda. Que construye una historia mezclando el cuento de Pinocho y moscas hipnotizantes, junto a más detalles que elevan el videoclip a una especie de corto animado de los primeros años de Walt Disney. Incluyendo, TOTALMENTE, sensaciones visuales que causan esa pregunta elegante: ¿Qué carajos?


Los viajeros entre Sierra y Costa todavía no anuncian si hay algún otro trabajo en el calendario, aunque sí confirman que este 2019 “depara más música y más insultos a aquellos que más se acomplejan y que más se lo merecen”.

Escucha a Don Bolo en Spotify aquí.