Entrevistas

Cazurro: el muchacho de los dibujos escritos y los escritos dibujados

/ 27 abril, 2020

Lo conocí en Instagram, como todos ustedes, sin saber quien está detrás. Como todos ustedes, también lo conocí por sus dibujos en base de letras de canciones. Escribe y dibuja sobre música, política y amor, todo eso de lo que nadie debería discutir. Es Sebastián Cadena o como dice su Instagram: Cazurro.

“…pensaba que me estaba agarrando fama de estas personas (músicos) y no porque a la gente le gustaba mi trabajo.”

Sebastián Cadena

En la cuarentena lo único que nos ha quedado es revivir sensaciones que alguna vez sentimos en el pasado y su “vida normal”, para escribir esta nota he tenido que recordar la primera vez (y todas las veces) que me encontré con Sebastián para conversar. Fue en la Universidad Salesiana (en Quito), hace casi dos años, ambos con una edad tullida y miradas que se llenaban de gran ambición por lo que hacíamos: hablar de música.

Cazurro
Cazurro. Fotos: Adrián Gusqui.

Un músico de una banda muy importante del Ecuador (del cual me ahorro su nombre porque lo respeto) me dijo una vez que yo le recordaba a su ‘yo’ de antes, dijo algo así como que tenía mucha ingenuidad en mi mirada. Lo dijo de una forma que no le puede gustar a nadie, pero entendí en ese análisis, a pesar de su falta de tacto, una característica que acompaña algunas veces a los emprendedores en el sector alternativo/independiente: reinventarse de forma impulsiva y con poca conciencia del futuro.

De forma romántica podría decirles que los emprendedores en el sector alternativo tienen en su historia un apego al vivir diario y la esperanza apasionada de que su trabajo en algún momento logrará posicionarse sin saber. Hasta que pasa.

Esa mirada la encontré en la forma en la que Sebastián se relacionó por primera vez conmigo; manejaba ademanes de apuro y profesionalismo, con esa forma que te lleva a pensar que esa persona tiene miles de cosas por hacer en su cabeza. Hechas para llegar a la cima en la que pueda ser escuchado con lo que hace. Es un emprendimiento a toda velocidad que te termina dedicando por muchos años hacia lo que buscas con lo que transmites.

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El dibujante también ha colaborado con la Revista La Mosca. Foto: Andrea Venturini.

Él nació en el 97, tiene 22 años, vive con sus padres, su hermana y Beyli, un perro que adoptó en la época del paro nacional de octubre. Esa vez que nos encontramos por primera vez, Sebastián era conocido estrictamente por sus canciones ilustradas; unos cómics de una carilla que subía a su página de Facebook sobre líricas de algunas canciones importantes de la escena musical ecuatoriana, enfocado en el sector alternativo.

De ese momento a ahora, la historia de Cadena lo ha reversionado con nuevas intenciones sobre lo que busca. Ha madurado con su trabajo y también ha planteado hacer visibles sus ideales, que gustan y no gustan, característica importante del posicionamiento de alguien que crece-creció en un nicho y busca llegar -de forma intencionada o no- a las masas.

Sigue en esa reinvención impulsiva, pero con los ojos bien puestos que lo que desea -al menos ahora- es hablar de música y algo más que canciones. “En El Carpazo recién conocí a La Máquina Camaleón, como buen primerizo. Me gustaba full en ese tiempo. Ese es mi primer recuerdo con la música que se hacía acá. En el colegio la radio me mostró Can Can, yo pensé que los manes eran mexicanos (…) Soy muy malo en cuestión de tocar un instrumento, a pesar de tener instrumentos,  la forma de relacionarme (con la música) fue con canciones ilustradas. Me imagino historias más allá de la canción”, dice sobre sus acercamientos primigenios a la música del país.

Cazurro
Las canciones ilustradas que los músicos le firmaron a Cadena. Cortesía de Sebastián.

Reconoce que se hizo visible por la nota de Martín González en Radio COCOA y que -por coincidencia con esta nota- también fue por teléfono.

“El proceso fue sentirme más seguro de hacer lo que hacía. Un ejercicio de no autosabotearme mucho. Quería presencia más allá de los dibujos, que sepan que hay alguien humano detrás de ellos”, esto me comenta en la llamada de WhatsApp que tenemos un martes, le hablo sobre hacer del anonimato algo que no existe y lanzarse a dar la cara. “Obviamente no me gusta, pero es necesario”, continúa, “más que yo tener protagonismo…soy periodista y tenía que atenerme a eso”. No les he contado pero Cazurro egresó de Comunicación Social hace poco.

La pregunta del anonimato sale porque la presencia de Cazurro en la cuarentena ha sido importante para la música ecuatoriana, después de su producción de canciones ilustradas. Actualmente el quiteño está realizando entrevistas a diferentes sectores de la sociedad, con un enfoque pleno en el sector musical, saliendo del espacio de: sólo músicos hacen a esta industria creciente, entrevistando a productores, periodistas o managers. Además de ello, permanece en una constante producción de material, el cual se ha deslindado de los cómics que lo hicieron conocido, segmentando su material en productos que hablan sobre la política del Ecuador actual, el desamor/el amor y a veces canciones ilustradas de bandas de otros países.

Ha llevado el concepto de conciertos ilustrados, que realizó en venues, con bandas como: Tonicamo y Cristina Echeverría a ‘lives/ilustrados’, que consisten -y consistieron- en dibujar en conciertos mientras el músico cantaba en pantalla dividida de los en vivo de Instagram. “En el live con Marley Muerto entendí como puede funcionar. Le quité a mi hermana el trípode de su celular. Hice una conexión para que el celular esté cargándose en una pequeña estructura en el escritorio”, me cuenta sobre el tras cámaras. “El día que dijeron que no podíamos salir me compré unos marcadores y como tenía ganas de usarlo, las usé en el live” – ¿cuánto costó toda la producción? – “70 dólares, los marcadores son lo más caro que tenía ahí. Yo no le pondría precio, estar con las panas es bacán”.

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"La oficina" de Cazurro. Cortesía de Sebastián.
El repositorio en uno de los cajones de Cazurro. Cortesía de Sebastián.

A pesar de este boom de su arte, asume que pensó que “me estaba agarrando fama de estas personas y no porque a la gente le gustaba mi trabajo”, esto lo llevó, en sus palabras “a hablar más allá de las canciones…a hablar de cosas que nos pasan”.

Y así fue o sigue siendo, “en un principio un referente fue Alberto Montt, me gustaba la crítica social siendo irónico”, explica, con la certeza de que “no quería ser un Alberto mal hecho”. Su estilo, simple y directo, enfatiza en enviar mensajes a varios sectores políticos, que han surgido como una necesidad en las últimas crisis políticas dentro del país. Además, se permite hablar de forma abierta sobre la depresión y el amor juvenil, entrando de vez en cuando en el cliché.

Casi acabando la llamada me cuenta que está haciendo la tesis, que se llama “Comic documental: Can Can y la historia de la generación millenial en Quito. ¿Cómo Can Can se fue construyendo en esta etapa de globalización?”, en la que Daniel Pasquel (de Can Can) le ayuda activamente.

Para terminar esta pequeña historia basada en algunos recuerdos, me llega la última vez que vi a Cadena. Llegó con maquillaje a un video para el que habíamos quedado. Le hablaba en broma sobre el maquillaje, pero insistió. Llegó con un nerviosismo típico de él, además de su sonrisa e inquietud por todo lo que encontraba a su camino. Ese día habló sobre replantear las masculinidades, con un concepto que todavía mantiene y sirve de ejemplo de confianza en sus discursos, los cuales no cambian a pesar de su exposición. “No creo que estoy en la posición de dar un mensaje. Pero cuídense mucho, disfruten este espacio en familia. Es bueno replantearse algunas cosas, ser críticos con lo que está pasando afuera y qué va a pasar después”, me dice al finalizar la llamada, después de hablar cinco minutos de la historia de Beyli y concluir que es la primera vez que una entrevista suya saldrá desde mis letras.

Ahora pienso que esa mirada ingenua de la que hablan los grandes, es el miedo de los propios “grandes” que no han podido reinventarse o todavía creen que lo que hacen ya no funciona.

“No debemos tener miedo al fin del mundo, porque el mundo al que conocemos no está bien”.

Sebastián Cadena