Especial

Artista del mes: Mateo Kingman

20 septiembre, 2019

Con el lanzamiento de su álbum Astro, el músico se abre al cambio y a la exploración en ritmos de vanguardia. Mateo Kingman continúa el camino que empezó a trazar desde su relación con la naturaleza amazónica, para ahora contarnos sobre sus experiencias más allá del mundo visible.

Cuando una serpiente está lista para mudar, sus escamas empiezan a opacarse, su mirada cambia, como si una leche lubricara sus ojos. Se incomoda, busca la humedad, deja de comer. En la naturaleza, miles de transformaciones ocurren en simultáneo, algunas predecibles, otras necesarias. Indispensables. Mateo Kingman cambia como cambian los humanos y los reptiles, los espacios y las galaxias. Hay engorro, hay miedo, hay oscuridad en medio de la luz, pero en su camino, aprendió una cosa: no hay vuelta atrás. 

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En una gira que lo lleva por Europa, luego a Chile, y concluye con un concierto en el Teatro Sucre, en Quito el 19 de octubre, Mateo Kingman y su banda compuesta por Andrés Benavides y Miguel Ángel Espinosa muestra el resultado de meses de mudar. Astro, el álbum que lanzó en julio de 2019, compila en 11 canciones los aprendizajes y la exploración, los impulsos que los transportaron a un estrato diferente. A un nuevo momento para él y para su carrera musical.

“Es como una batalla conmigo mismo, donde hay una sensación de vértigo en esa batalla. Así fue concebido el disco”. Acostumbrados a la humedad de la tierra amazónica, a la selva por la que transitan sus letras y sus vestimentas de ave, lo escuchamos haciendo la música que quería -valiéndose de elementos del hip-hop, el pop y el rock- para contar las historias que había vivido, de su cotidianidad y su crecimiento en ese ecosistema.

La familia de Mateo Kingman se pasó a vivir a las afueras de Macas (una ciudad pequeña al sur del Oriente ecuatoriano) durante buena parte de su infancia, hasta su juventud. Ahí formó muchas de las experiencias que le impulsaron a hacer música, pero también las esenciales para continuar su transformación en el presente. Lejos de los paradigmas de ciudad grande, con una vida sencilla y atardeceres en el río con sus hermanos. “Todo lo que escribo y lo que surge a nivel sonoro surge de vivencias internas de mi presente, especialmente de mi presente”, comenta. Eso pasó hace algunos años. Ahora vive en Quito. Habla de esa fuerza de la naturaleza como elemento conector, mientras caminamos por los pasillos del patio de su actual casa, en una quebrada, con un río abajo del cañón, y el Cayambe haciéndonos guiños en pleno verano. Recalca: “Solo puedo crear lo que estoy viviendo”.

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¿Hubo algún momento específico en el que supiste por dónde iba la nueva música?

En un momento pude percibir cómo quería que sea la nueva música y cómo comunicar estos nuevos textos y las nuevas reflexiones. Eso fue muy chévere porque fue una iluminación y una claridad de qué quiero ser, quién quiero ser y cómo quiero que la gente se conecte con todas estas cosas. No vino de mí, de eso estoy seguro.

Mateo Kingman sacó 'Astro' en el verano de 2019 | Foto: David Suárez, Francisco Rondón

La geografía de ladera y el cielo descubierto de una ciudad andina lo descolocan de la verdura intensa, para reubicarlo en un tiempo y espacio que tiene que ver más con la tierra expuesta. Durante el proceso de mutación, la nueva piel se forma debajo de la vieja. Se forma, brilla, late.

Venía aprendiendo desde hace rato, de cada error, de cada acierto. Escuchando nueva música, algo que le abrió otras posibilidades de creación, como cuenta él mismo para explicar la inspiración de Astro: “Fue clave para mí conectarme con música muy de vanguardia. Empezar a escuchar cosas que eran muy nuevas y muy raras. Que al principio no me hubieran gustado”. A partir de esta exploración empezó a conectarme con música como la de James Blake, entre otras tantas.

De lo anterior, no hace Cntrl+Z de nada. “Los inicios son importantes así a uno le dé vergüenza porque es ahí donde descubres por dónde quieres caminar”, dice y se ríe. Porque mientras tocaba lo anterior, los aires de montaña y altura hacían lo suyo. Otras vibraciones, pero de la naturaleza, siempre. Y cada vez que intenta ligarse a ella, “es distinta. La magia está a través de lo que yo llamo el mundo invisible, que está detrás de lo palpable”.

Tríptico de cuadros de "Tejidos" el segundo single de 'Astro', en el que aparecen elementos presentes en todo el disco: su conexión con la naturaleza y con el espacio.

¿Cómo mezclas la música tradicional con géneros nuevos?

Decidí no enfocarme en particularidades de la música tradicional, sino tomarla como un lenguaje que de alguna manera he ido estudiando y conociendo desde que soy chiquito. Más como un lenguaje universal. No creo que hay músicas tradicionales de un lugar específico, más bien creo que hay música de raíz. Se siente que hay influencia de música de distintos países, de distintos espacios. Del sur de Sudamérica.

Creo que lo tradicional está influenciado en las melodías. No hay una definición territorial o regional, pero se siente que vienen de Latinoamérica . Las melodías, tanto como la multiplicidad de timbres es lo que enlaza el disco. Como por ejemplo, en “Lúmina” hago unos cantos que vienen de la influencia de los cantos ícaros de los curanderos. La manera de cantar va por ahí; una manera de cantar muy particular, inclusive un poco incómoda. En “Lucero” hay un pequeño homenaje a Simón Díaz, en donde canto mucho más ligero, voz de cabeza con melodías sostenidas.

¿Te divertiste haciendo canciones como “IO” donde la base es trap, algo diferente a lo que habías hecho?

Me divertí full. Lo hicimos con el Ivis en conjunto. Los dos nos metimos al estudio a experimentar con sintes, con máquinas de ritmo con par de instrumentos: bombito y así. El Bena, el Toño pusieron su alma ahí. Esta parte más ligera viene de poner un vehículo un poco más liviano que pueda llevar de alguna manera este mensaje tan pesado. Buscar elementos más livianos y flexibles con armonías un poco más tranquis, con los que el mensaje pueda ser recibido de una manera más transparente.

Que no sea difícil escuchar el mensaje y difícil la música. En “Tejidos” solo extrajimos el hi-hat del trap. Dentro de una rítmica de 3/4 y dentro de un entorno súper orgánico, samples de voces. Sientes que hay algo de ese mundo del trap, pero todavía te mantienes en este mundo. Siempre fuimos muy cuidadosos de no poner demasiado. Lo más importante de esa canción son las arpas andinas grabadas por Jesús en Cotacachi. Ahí está el juego, no. Cuánto quito, cuánto pongo.

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Para Mateo, componer música es como pintar, en donde tienes que medir cuánto añadir de cada color para obtener el tono que estás buscando. “Si pones demasiado de algo, opacas un mundo enorme que ya habías creado”. La música armada con ‘finura’, que le llama, con sutileza en cada detalle de la producción.

"Viajar te obliga a renovarte" | Foto: David Suárez, Francisco Rondón

Y así que todo quede en su lugar, compuesto con todo lo necesario y despachando los excesos. Los músicos de su entorno se refieren a Mateo como ese man exigente que no va a parar hasta que la tenga así eso signifique quedarse horas probando, intentando, ensayando. Entonces se entiende que cuando dice que ahora usa más su voz en las canciones, no viene de la casualidad, sino de horas de práctica e investigación.

En esta etapa más melódica, el rap adopta otra piel, se mueve a un plano secundario en varias canciones. Mateo descubrió al trabajar con su voz que no solamente puede rapear lo que quiere decir, sino también cantarlo, valiéndose de todas sus influencias. “Le saqué el aire en la voz”, cuenta desde la sala de su casa. “Con las pocas nuevas herramientas que tengo, exploro en nuevos lugares”.

Los últimos vientos del verano llenan los silencios de quien hace música, seguro de que eso es lo que debía hacer en su vida, y seguro de que está cumpliendo el plan. Conversa desde la sala de su casa en donde el sol llega por todas las ventanas, y es el espacio favorito que Mateo deja durante los lapsos en que se va de gira, como sucede mientras escribo esta nota.

Andrés Benavides, el batero, publica en su cuenta, a los tres de la banda, viajando, en espacios de ciudad y espacios de naturaleza en la geografía española. Un contraste que les hace ser. Ese refresco de cambiar de show con cada set, con nuevos públicos aplaudiéndolos. Porque detrás de cada muda, hay una iridiscencia que les confirma que la piel es nueva y que es idónea para seguir recorriendo.

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