Especial

Artista del mes: Cometa Sucre

2 agosto, 2019

Cometa Sucre sale de la órbita habitual, para entrar ‘En Transmisión Perpetua’. 11 canciones muestran las ganas de que el cuerpo celeste con base en Samborondón fluya con nuevas energías y más riesgos, pero con la misma base rock de sus inicios. Conócelos aquí.

 Foto portada: Adriana Gómez

Un cometa es ese cuerpo que quedó después de que se formó el Sistema Solar. Una especie de bola de nieve polvorienta con cola que viaja por el espacio sideral y que, cuando parte de su hielo y su gas se calientan con el Sol, se recubre de una nube. Mientras más se acerca al Sol, su cola es más larga. 

En los 316 km² de territorio firme guayaquileño, el arte surge como transpiración. Si hay calor, humedad, turbulencia; si hay río, cemento y biela, también están las canciones para jugar completo. En la vía a Sambo, casi de noche, 2016, Pedro Argüello planea el aterrizaje de su música. No tiene nombre, pero Pedro -Perico- quiere una banda. Frente a él, Alex Illingworth -quizás con un cigarrillo en la mano- propone: Co-me-ta—Su-cre. 

Y así, de una conversación casual, empieza la aventura interestelar de una banda de rock guayaquileña. A 37.3ºC temperatura máxima promedio, Cometa Sucre libera melodías de su centro sólido en el que tocan Pedro (voz y bajo), su pana de siempre Chimo -Jaime Solórzano- (batería), Wilson Murillo (guitarra), Alex (guitarras y voz), y Rodolfo Burbano (teclados y guitarras).

“El universo es algo infinito y estamos en este loop eterno que canalizamos las energías”, dice Pedro mirando a la webcam. Su pelo alborotado y oscuro cubre un rostro flaco y expresivo. Con la banda, han tripeado esa idea y le han dado vueltas. Loops. Desde hace un año que empezaron a componer, no pararon hasta tener un LP. Y el resultado, 11 tracks, llevará por nombre En Transmisión Perpetua.

Portada del álbum Transmisión Perpetua

El orbitaje eterno

El breve recorrido de la banda ha transcurrido entre tocadas, videoclips, emociones descomplicadas. Todo dentro de Ecuador, pocas giras. Pero este 3 de agosto, vino uno de esos sacudones que dan especial sentido a su existencia. El Festivalito es el primer escenario desde el que presentan el nuevo álbum. Una transmisión en vivo. “Ahí tocamos una versión mucho más conceptual en lo visual y luces. Tenemos ganas de probar cosas nuevas”. 

Sus seguidores se habrán dado cuenta que antes de que esté en streaming, lanzaron los tres primeros singles en forma tres transmisiones (Transmisión 001, Transmisión 002, Transmisión 003). O sea que la transmisión ya empezó y no tiene fecha de frene: “Eternamente estás viviendo emociones y el disco va mucho de eso”, dice Pedro, juntando la estrategia de lanzamiento con el sentido íntegro de su nuevo material. Las canciones intentan transladarnos a momentos emocionales que van desde lo triste, de aceptación -como “Tempestad”-, hasta momentos de redención -como “Despertar”, más energética también-. 

En gráficos, nos vamos de vuelta a la imagen del cometa que vuela y se hace más fuerte cuando está cerca del sol. Pedro imagina cómo la banda dibuja su orbitaje, tan parecido al de un cometa en el espacio: “Me gustaría tocar millón sobre un nevado, sobre algún volcán, estaría muy conectado con el aire. A una altura, como sentirme mucho más cerca del cielo”. 

Imágenes de "Cielo", la Transmisión 002.

Tiempos celestes

Cuando empezó la banda y se dieron a conocer entregando unos carritos con pastillas de caramelo, armaron un refugio de expectativa que tenía que ver con la sorpresa: ¿Quiénes eran esos chicos que invitan con su música a llenar de valor la vida? El EP Pastillas de Valor fue una prueba de que eran reales y estarían dispuestos a tocar por todas partes.

Lo hicieron con una acogida cándida, tocando en festivales que fueron desde los más flashy como el Funka 2018, el Latido Fest del 2017, hasta otros más pequeños como el Contracorriente 2018 en Quito, el Palama en Ambato. Su música no es pegajosa, pero refleja el lugar y el tiempo del que vienen sus integrantes: Muy hacia el rock gringo de los 90, muy pegado a los sonidos del rock iberoamericano de esa década también: El Soda Stereo shoegaze de Canción Animal (1990) y Dynamo (1992), los madrileños Los Planetas, entre otros. 

Lo nuevo sigue ahí, pero muta. Natural, como todo cuerpo celeste. “Por ahí está ligado muchas cosas. Creo que es la misma esencia del disco anterior, pero en este nos permitimos arriesgarnos mucho más”. Pedro, en su relato menciona la palabra “fluir” una, dos veces. Y es una buena descripción de lo que quisieran los CS que cada fan suyo haga mientras escucha En Transmisión Perpetua de principio a fin: “Simplemente tienen que fluir”, dice Pedro una tercera vez, mirando fijamente a la webcam.

Escucha En Transmisión Perpetua a continuación: